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Capítulo 1

Y así comenzaron las cosas................................

Fue el 28 de Agosto del 2003. Como era habitual, cuarto jueves del mes, se realizaba la cena del Club en el YCO de Olivos.
A los temas habituales y el intercambio de ideas sobre la realización de nuestro próximo Rally a Balcarce, se habló largo y tendido sobre la realización del llamado Rally al Fin del Mundo organizado por el Clásicos.
Sonaba como una buena idea, pero no seducía demasiado los largos recorridos de los autos a bordo de “mosquitos”.

A los postres y luego de una muy particular charla los “afiebrados” Horacio Echave y Martín Aubert, hicieron públicas sus conclusiones.
“La cosa era interesante pero si la hacíamos de punta a punta con los autos en marcha, y esos autos deberían ser los más viejitos del Club, léase los TCs y anteriores.”
Varios tomamos el guante y a los pocos días ya nos estabamos cruzando los primeros mails para intercambiar ideas sobre como organizar la cosa
En la primera reunión estuvieron presentes Martín Aubert, Horacio Echave, Marco Di Paolo, Roberto Rovelli, Raúl Salles, Oscar Filipetto, Francisco Garaguso y Francisco Iglesias.
De los presentes el único que aún no tenía un TC era Marco (hasta ese momento era un B en restauración) pero su entusiasmo era tan grande que decidimos ampliar la participación a cualquier auto de la marca.
Otro tema era el destino, si bien Usuahia era un desafío, el largo periplo por la Ruta 3, no nos convencía, pensábamos que podíamos hacer un Kilometraje similar pero con otros destinos.
Yo había recorrido hacía pocos meses San Luis y Mendoza y en varias ocasiones le comenté a mi mujer “es lugar espectacular para hacerlo en el MG”.
Por otro lado Martín que había participado en el Gran Premio del ACA propuso apuntar para el Norte.
Obviamente era muy difícil decidir el lugar, las bellezas de nuestro querido país, nos ponen en un brete ante ese tipo de elección, pero había que jugarse a alguna de las alternativas.
El problema que se nos presentaba con el Sur era el regreso, costoso en camión, por lo que RoRo se ofreció a averiguar sobre un eventual regreso vía marítima.
Esa reunión fue el lanzamiento del proyecto y las principales conclusiones fueron las siguientes:

1) El viaje no sería una actividad oficial del club, sino, como nació, una propuesta de un grupo de socios, como un festejo más a los que se realizarían en el 2004 por el 30 Aniversario.
2) Podría participar cualquier propietario de un MG desde la partida o agregarse durante el viaje .
3) No habría competencias deportivas ni una gran organización previa, simplemente, sería un grupo de amigos con intenciones de hacer un viaje “con los autos”.
4) Quedamos en estudiar los destinos y tomar una decisión al respecto.

En los días siguientes los componentes de los ya bautizados “TC Boys” intercambiamos cantidades de mails y llamados telefónicos, para ir ajustando detalles y de a poco fue surgiendo la idea de apuntar a Mendoza o al Norte.

Finalmente se decidió por Mendoza , no recuerdo exactamente el motivo, pero que problema había, si en el 2005 apuntábamos al Norte.

Dado que yo había realizado el viaje recientemente se me encomendó armar el recorrido tentativo. Me pareció fundamental pasar por Potrero de los Funes (San Luis) para luego apuntar al Sur de Mendoza y recorrer el espectacular Cañón del Atuel y subir a Mendoza para terminar en las Cuevas.
Luego regresaríamos a un lugar de encuentro común cercano a los que se agregaran durante el camino, la posibilidad era Córdoba.
La partida desde Buenos Aires debía ser de un lugar emblemático para la Marca MG, y que mejor que el edificio de quien fuera el importador Agar Cross en Paseo Colón y Venezuela.
Martín se dedicó a los contactos con los Clubes de Mendoza, Chile y hasta realizó algunos contactos con fanáticos de España cuya participación estuvo cerca de concretarse.
Marco diagramó la actividad en Córdoba y fue la pieza fundamental para armar hojas de ruta, hotelería y hasta el mínimo detalle, torta incluida, para que el viaje fuera un éxito.
Un día me llama Horacio con una de sus habituales propuestas, “¿cómo no vamos a hacer con los autos la trepada al Cristo?” me dijo. En la época que pensábamos viajar (principio de Mayo) esa trepada se hace complicada pero, claro, la idea era muy tentadora y obviamente todos la aceptamos.
En las siguientes reuniones se fueron ajustando detalles y cuanto más hablábamos sobre el tema, mayor era la impaciencia por que llegue el día de la partida.
Horacio preparó una lista de repuestos recomendable para llevar, la publicó a través del Foro y hasta comenzó a preparar el auto que serviría como apoyo logístico ¡¡¡¡ un Morris 10 !!!!!!. Finalmente el tiempo no alcanzó para terminarlo y el Morris quedará para el próximo viaje.
Ajustados los detalles de la Hoja de Ruta se decidió que la fecha de partida sería el 30 de Abril con llegada a Villa General Belgrano el 8 de Mayo donde nos recibiría Alejandro Mogni y sus Boys (Mgistas de Córdoba).
En una de las reuniones Echave propuso ampliar la participación a socios del club aunque no tuvieran autos de la marca, lo que fue aprobado por unanimidad.
Estabamos confiados en el éxito del viaje, pero claro, todos pensábamos en que alguien quedaría en el camino, después de todo eran 3000 Km en 7 días, muchos de los cuales se harían en caminos de trepada y en condiciones no ideales para muchos de nuestros autos acostumbrados a la vueltita del fin de semana y a alguna que otra salida en el año.
Algunos optaron por no usarlos demasiado para reservar kilometraje, otros en incrementar el uso para que aparezcan las fallas antes del viaje y otros como Marco jugando contra reloj para terminar su auto a tiempo.
Les cuento que finalmente el “B” en restauración no se terminó pero en febrero Marco apareció con su nueva adquisición “Un impecable TC Rojo con el que haría el viaje”
Por mi parte decidí desconectar el compresor de mi TC dado que la tensión de las correas trabaja peligrosamente sobre la bomba de agua, por supuesto que pensaba reconectarlo en las Altas Cumbres ya que a 4200 mts un TC no podría pretender llegar con un solo carburador, después les cuento????????????.
Un par de meses antes de la partida se agregó al grupo Luz y Juan Ortiz nuevos propietarios del “B” de Fernando Farrel y muy entusiasmados para formar parte del viaje, también y para la alegría de todos se acercó uno de los “bronces”, Carlitos Grosso acompañado por su hijo Martín a bordo del legendario J2.
Por otra parte sufríamos una probable baja, la de Martín Aubert, uno de los factotum del Viaje a las Alturas que veía improbable su participación por compromisos laborales. No obstante sobre el final nos dio la sorpresa y armó su apretada agenda para acompañarnos en la primera parte del viaje y de esa forma el grupo quedaría armado por :
Carlos y Martín Grosso con MGJ2
Horacio Echave con MGTB
Martín Aubert con MGTC
Raúl Salles con MGTC
Francisco y Patricio Garaguso con MGTC
Marco Di Paolo y Pedro Aramburu con MGTC
Roberto e Hilda Aubert con MGB
Mario López e Hijo con MGB
Juan y Luz Ortiz con MGB.

Viernes 30 de abril
Parecía mentira, el día había llegado, los días previos fueron bastante moviditos preparando los autos y haciendo las ultimas averiguaciones con respecto al itinerario. La noche anterior a la partida fui con Patricio a buscar mi TC a lo de Horacio, lo había llevado para puesta a punto, reparación del limpiaparabrisas, cambio de aceite y engrase.
Guarde una portátil en el cajón de la batería, cerré el capot, y me preparé a arrancar.
Horacio tiene la costumbre de mirar de reojo el caño de escape cada vez que uno arranca el auto.
Recuerdo que estaba sonriendo por bromas que iban y venían.
En cuanto arranco, la sonrisa se transformó en una mueca de preocupación, miro por el espejo retrovisor y veo que comienza a formarse una espesa nube gris que salía del escape.
No les exagero en pocos segundos el garage y la casa de Horacio estaban inundadas por el espeso humo a tal punto que ya no nos veíamos a través de el.
Paramos el motor abrimos el capot, y oh sorpresa, al cerrar la tapa del cajón de la batería había dejado presionada una válvula que acciona la lubricación del compresor y estaba mandando una mezcla de nafta y aceite digna de un dos tiempos. Que susto, por un momento pensé que todo se terminaba antes de comenzar.
Nos levantamos muy temprano, hicimos la clásica pasadita por el ACA previo a un gran viaje. Nuevamente control de agua y aceite, tanque a Full, 30 libras a los neumáticos y en marcha.

Si, el día había llegado después de tantas reuniones y fantasías con respecto a este viaje nos estabamos dirigiendo al lugar de reunión, el edificio de Agar Cross.
Todavía tratábamos de acomodar el reducido equipaje en el espacio que permite el TC detrás del respaldo del asiento.
Teníamos que conformarnos con compartir un bolso y llevar apretaditas bajo el Toneau camperas adicionales que nos harían mucha falta durante el viaje.
Cuando llegamos al lugar de reunión ya apreciamos que todos sufrían la falta de espacio.
Horacio tenía carga en el asiento del copiloto y parte del equipaje rebasaba el nivel recomendable, claro que cargaba con repuestos para varios autos.
Raúl cargaba bolsos en el portaequipaje armado sobre la rueda de auxilio, ya que el lugar destinado para el mismo, estaba prácticamente ocupado por “la vajilla” y enceres de cocina destinados a la Paella que nos había prometido, los Grosso no bajaban la capota para darle “altura” a los bolsos, y solo los “B”, que finalmente cargaron con algunos bultos ajenos, se daban el lujo de llevar el equipaje decorosamente.
Cuando veíamos la hilera de MGs ocupando casi toda la
cuadra, nos preguntábamos si habría una foto con tal concentración de autos de la marca en otras épocas.
Además de los participantes del viaje recibimos la compañía de otros
socios y amigos de la primera hora del Club y de esa forma se agregaron dos TCs más al grupo.
A pesar de lo temprano del encuentro se acercaron muchos curiosos
para presenciar la partida de tan pintoresco grupo.
Se aprovechó para colocar las calcomanías de Repsol.
A las 8:30 hs partieron las tripulaciones circulando por Puerto Madero, Costanera Norte y Panamericana para tomar la Ruta 8.
Era un hermoso día en todo sentido, el tiempo, la compañía, los autos, en fin, todo bien, parecía que no podíamos agregar absolutamente nada para que esos momentos fueran perfectos.
La partida fue bastante ordenada, sin embargo tuvimos que esperar a
algún despistado que en lugar de seguir la caravana que partía rumbo a
Mendoza, se colocó a la cola de uno de los TC que había ido a despedirnos y
casi termina desayunando en Buenos Aires.
Como había tomado por la colectora en lugar de los carriles rápidos “encontró” sobre la misma a Claudio, el copiloto de Martín que nos esperaba en San Isidro.
Paramos en la YPF de Tortuguitas para rearmar la caravana y de no surgir inconvenientes decidimos seguir sin parar hasta Pergamino.
El plan era mantener en la ruta una velocidad crucero de 75/80 que permitía a los mas viejitos mantener el régimen a 3000/3200 vueltas ya que el viaje iba a ser muy largo y necesitamos cuidar las máquinas.
Tal premisa se respeto a rajatabla, salvo algunas picaditas de Martín y Carlos Grosso y así llegamos al fin de nuestra primera etapa: Pergamino.
En la YPF del lugar nos esperaban representantes de FENDIM, Canales de TV, representantes del Diario Local y dentro del grupo pudimos deleitarnos con las anécdotas del Héroe Local Don Jesús Ricardo Iglesias unas de las glorias del TC de otros tiempos.
Hasta ahí no hubo problemas mecánicos graves, salvo Carlitos Grosso que prolijamente introdujo un palito en el tanque de nafta para medir el nivel, con tal mala suerte que embocó en el agujero de la salida una basura que no
permitía la circulación del vital elemento para la marcha. Fue una rápida reparación aflojando la tuerca del caño de salida y de vuelta a la ruta.
En Pergamino nos despedimos de Martín Aubert que no pudo seguir el viaje para el que tanto trabajó, por otros compromisos.
Después del almuerzo continuamos la marcha hacia nuestra próxima parada en La Carlota.
La ruta estaba en muy buenas condiciones y no tuvimos demasiados contratiempos con el trafico ya que con la velocidad que manteníamos no teníamos que realizar muchos sorpasos.
Paramos en una YPF y con Patricio aprovechamos para “armar” en nuestro TC un par de luces traseras adicionales de quita y pon muy necesarias fundamentalmente por la importante diferencia de velocidad entre nuestros autos y la de los autos modernos.
La noche nos sorprendió llegando a la Carlota, nos reagrupamos en una estación de Servicio sobre la ruta y Marco fue en busca de alojamiento.
Al rato volvió con todo reservado, una duchita reparadora y nos preparamos para la cena.
Como premio al cumplimiento de la primera etapa recibimos por parte de Juan y Luz hermosos buzos con el emblema de MG que luego nos serían muy útiles para sobrellevar las inclemencias del tiempo, gracias a una muy buena recomendación del dueño del Hotel, cenamos en una parrilla de la zona donde disfrutamos de una parrillada de aquellas y rapidito al sobre para reponer energías.

Sábado 1 de Mayo
El sábado el lugar de encuentro fue la YPF del pueblo, la más vieja del país, donde tuvimos que responder innumerables preguntas y muestras de afecto de los locales, no seremos reiterativos en este tema pero les podemos asegurar que en cada parada que hacíamos recibíamos la misma demostración de la gente, y fundamentalmente en la Ruta hacia Río Cuarto donde había una importante procesión de fieles que se dirigía al santuario de la Virgen.
Patricio no salía de su asombro ,el estaba mas acostumbrado a viajar en nuestro “A” y no imaginaba la simpatía que despertaban los TCs.
Paramos sobre la Ruta en el desvío a Río Cuarto para esperar al resto del grupo.
Raúl y Juan no llegaban y comenzamos a preocuparnos.
Al rato recibimos el llamado de Juan que cerraba la marcha con su B con la noticia de que Raúl Salles había quemado la junta de tapa de cilindros, muy cerca de donde estabamos.
Horacio se dirigió al rescate y al poco tiempo volvieron con el TC de tiro listo para ser reparado.
Cominos algo rápido y decidimos dividir el grupo en dos por si ocurría algún otro percance, por lo que se quedaron reparando Horacio, Juan, Raúl y Luz que se inició como ayudante de mecánico.
El resto marchó hacia Potrero de Los Funes por el camino a Achiras y a la Toma.
El camino desértico y con muchas pendientes nos recibió con vientos bastantes fuertes que hicieron sentir los primeros fríos a los que se resistieron a poner la capota.
Como Marco no podía colocar su toneau, con los golpes del viento la capota se desplegaba de tal forma que daba la sensación que en algún momento el auto iba a levantar vuelo.
Cargamos nafta en La Toma, la Estación de Servicio estaba vacía, pero inexplicablemente a los pocos minutos apareció gente de todos lados para dar la bienvenida al grupo.
Seguimos la marcha, con Patricio al volante, llegando al Peaje de Potrero de los Funes notamos que nuestro TC pegaba unos tironcitos, cuando retomamos el camino hacia el Hotel Internacional y en una zona muy hermosa dentro de un cañadón y a orillas de un arroyo el auto dijo basta.
Claro, tanto charlamos en la YPF con los vecinos de la Toma que nos habíamos olvidado de cargar nafta.
Al rato llegó Marco, realizó una transfusión de emergencia, tanque a tanque
Poco después estabamos gozando de un atardecer espectacular junto al lago esperando noticias de resto del grupo.
Alrededor de las 20 pudimos comunicarnos y nos informaron que ya habían reparado y que alrededor de las 21 llegarían al Hotel.
A la llegada Raúl nos agasajó con Champagne y brindamos por la adquisición y la larga vida de su nueva junta de tapa de cilindros.
La noche antes de la partida había visto en Internet una nota de un club de Clásicos de San Luis, les mandé un mail con mi número de teléfono y les conté nuestros planes.
Antes de cenar llamo a casa para avisar que todo estaba OK y mi mujer me comenta que nos estaban buscando la gente del Club de San Luis y que ya sabían donde estábamos.
Alrededor de las 23 hs cuando nos preparábamos para cenar llega un grupo de representantes del club, habían venido desde San Luis Capital y al día siguiente salían a las 7,00 hs para un Rally a Córdoba, pero tuvieron la gentileza de acercarse para darnos la bienvenida a la provincia.
Luego de la cena y muy cansados nos entregamos al sueño reparador.

Domingo 2 de Mayo
Por la mañana y de acuerdo a lo programado regresaron a Bs. As. Roberto e Hilda Aubert y Mario López con su pequeño hijo.
Después del desayuno nos dedicamos a reparaciones varias como el ajuste de válvulas y la apretadita final de la tapa del TC de Raúl, reparación del Dínamo de Carlos Grosso y ajuste de Frenos del auto de Marco, por supuesto todo a cargo de Horacio con la colaboración de improvisados ayudantes.
Antes de la partida sacamos fotos del grupo y emprendimos nuevamente la marcha hacia nuestro muevo destino, San Rafael.
Esta etapa fue bastante dura por las características del camino. La ruta 146 es una larga recta muy abierta donde el viento, el frío y la lluvia nos tuvo a mal traer.
Parecía que de a poco la madre natura nos estaba acostumbrando a las inclemencias del tiempo.
Paramos unos 50 Km antes de San Rafael a cargar nafta, y nos recomendaron el Restaurante del Gringo. A pesar que el Gringo ya había cerrado, eran cerca de las 16 hs, abrió generosamente sus puertas para recibir al famélico grupo.
Luego de un reconfortante y muy acomodado almuerzo partimos hacia San Rafael bajo una pertinaz lluvia.
Les puedo asegurar y los lectores de estas líneas, comprenderán el mensaje, que la llegada a San Rafael fue el premio al tortuoso recorrido.
Imagínense a los MGs circulando bajo la lluvia a través de hermosos caminos zigzagueantes franqueados por largas hileras de álamos que por momentos formaban interminables túneles. ¡¡¡¡¡ De película, hermano!!!!!
Llegando a destino comencé a escuchar un soplido típico de la rotura de la junta del múltiple de escape por lo que a la mañana siguiente me tocaba a mi madrugar para buscar solución al problema.
Llegamos a San Rafael ,esta vez sin graves problemas mecánicos, pero si en alguna de nuestras castigadas osamentas. Pedro, el copiloto de Marco, que había partido de Buenos Aires con un problemita de Salud, debió regresar, el frío y la lluvia habían colaborado para empeorar su estado y no era aconsejable que continuara.
Con la tristeza de la temprana deserción de un compañero de casi todos los Rallys desde que Marco se incorporara al club, preparamos los autos para la partida del día siguiente hacia el Cañón del Atuel.
Era la primera escala que me permitía mandar alguna noticia a los socios y amigos y aproveche un rato antes de cenar para recalar en un ciber y hacerles llegar unas líneas, que son prácticamente las que repetimos en esta nota.
Estabamos muy cansados, el viaje había sido extenuante, el día siguiente prometía ser más descansado ya que pasearíamos por el Cañón y quizás podríamos saborear si el tiempo lo permitía la famosa Paella de Salles.

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